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Argentina y OGM: Explorando la larga relación de la nación con los cultivos biotecnológicos

Argentina y OGM: Explorando la larga relación de la nación con los cultivos biotecnológicos




Argentina es el quinto mayor productor y el tercer mayor exportador de maíz, el tercer mayor productor y exportador de soya y el mayor exportador de aceite de soya y harina de soya. El 2017, el maíz, el aceite de soya y la soya representaron el 17,7 % de las exportaciones totales de Argentina. Se prevé que la producción de soya disminuirá en un 31 % y el maíz en un 20 % en la campaña agrícola 2017-2018 y se prevé que las pérdidas totales superen los US$ 3,400 millones, lo que se espera afecte hasta un 0,5 % del crecimiento del PIB este año.

Las semillas resistentes a la sequía fueron desarrolladas por Rachel Chan, bióloga e investigadora principal del Consejo Nacional de Investigación Científica y Técnica y profesora de la Universidad Nacional de Litoral. La semilla es propiedad de Biceres, una empresa argentina involucrada en el desarrollo agrícola. La semilla se creó el 2012 mediante el empalme de un gen de girasol resistente a la sequía en una semilla de soya. Tres años de pruebas de campo demostraron que estas habas de soya son tan nutritivas como la soya cultivada convencionalmente. También se demostró que no son tóxicos para animales o humanos y no tienen un impacto negativo en el medio ambiente.

Fueron aprobados para su comercialización en 2015, con la esperanza de aumentar la producción en un 30 %. La semilla GM permite a la soya tolerar durante un período de tiempo más largo una menor ingesta de agua durante su ciclo de vida. El desarrollo de la semilla de soya resistente a la sequía pone de manifiesto el firme compromiso del gobierno de utilizar la ingeniería genética para aumentar la producción agrícola. Argentina en este sentido ha estado a la vanguardia de los países que adoptan la ingeniería genética de los cultivos. Comenzó a cultivar cultivos genéticamente modificados en 1996 cuando se plantaron soya GM tolerante al glifosato. Ahora es el tercer cultivador más grande de cultivos transgénicos por superficie, representando el 12.4 % del total mundial en 2017.

Solo los Estados Unidos y Brasil producen más cultivos transgénicos anualmente. Alrededor de 130,000 agricultores utilizan la tecnología. En marzo de 2017, tras la aprobación de dos nuevas semillas de maíz GM y una soya GM, el ministro de Agricultura, Dr. Luis Miguel Etchevehere, dijo que la promoción de cultivos GM está diseñada para aumentar el "liderazgo de nuestro país en el desarrollo, regulación, y el uso seguro e inteligente de la biotecnología agrícola".

Según un estudio publicado en noviembre de 2016 por el Servicio Agrícola Exterior del USDA, Argentina ha generado US$ 127 billones gracias a su adopción del cultivo GM en 1996. Los agricultores recolectaron 60 % de esta suma, mientras que 26 % fueron al gobierno y 8 % a los proveedores de tecnología, respectivamente.

Al igual que otros países que se benefician de la biotecnología agrícola, Argentina alberga una pequeña pero vocal contingencia de escépticos, ansiosos por difundir información errónea sobre el cultivo de cultivos modificados genéticamente. Uno de los más destacados, Argentina sin Transgénicos, argumenta en su sitio web: "Varios estudios científicos concluyen que los alimentos manipulados genéticamente pueden causar alergias, intoxicaciones, alteraciones nocivas del valor nutricional, resistencia a los antibióticos y alteraciones del sistema inmune ... Esto se debe a que el proceso de modificación genética en sí, al menos en la forma en que se practica hoy en día, es intrínsecamente peligroso".

Sin embargo, tales afirmaciones no están en línea con el consenso científico mundial. Una gran cantidad de organismos reguladores, agencias gubernamentales y organizaciones científicas independientes han llegado a la conclusión de que los alimentos cultivados a partir de semillas genéticamente modificadas no plantean problemas de salud únicos.

Hasta ahora, los activistas anti biotecnología del país no han podido convencer a los reguladores de que restrinjan o prohíban los cultivos transgénicos. De hecho, el gobierno está financiando múltiples proyectos para desarrollar aún más la tecnología.

El 2017, científicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina utilizaron técnicas de edición de genes para desarrollar papas que no se vuelven marrones y leche que no causa una reacción alérgica. Los investigadores también están desarrollando pasto de cártamo y festuca GM, así como también variedades de maíz resistentes a las sequías resistentes a los virus y a la sequía.

Un Informe del Centro Wilson sobre Biotecnología en Argentina señaló: "Es evidente que Argentina está promoviendo la introducción de tecnologías innovadoras a los agricultores mediante su participación activa en la ingeniería genética de plantas, herbicidas y materiales transgénicos".

En el sector privado, la empresa argentina de biotecnología Bioceres ha desarrollado la alfalfa modificada genéticamente para contener menos lignina, una sustancia orgánica compleja que es difícil de digerir para los animales. La nueva variedad de alfalfa ha sido aprobada por el gobierno y se comercializará en 2019.


Publicado: 2018-10-06

Fuente: AgroAvances

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