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En busca de puentes tecnológicos entre agricultura familiar y ciudad

En busca de puentes tecnológicos entre agricultura familiar y ciudad




La crisis sanitaria en el país y el mundo visibilizó la labor de los pequeños productores y también sus dificultades para llegar a los mercados urbanos.

Durante la etapa más dura de la cuarentena, la labor de los pequeños agricultores no se detuvo. En medio de grandes dificultades de transporte, salieron desde el campo, cargados de verduras, hortalizas, tubérculos, frutas  y otros,  para surtir los hogares bolivianos. Del productor al consumidor y a precio justo. Ese era el lema para garantizar la alimentación de las  urbes.

En Bolivia existen 861.608 unidades productivas, de las cuales 724.375 son pequeños lotes que articulan a más de dos millones de agricultores familiares de origen campesino, indígena originario e intercultural, según el último censo agropecuario. Su producción es diversificada y abastece el 90% de los productos de  la canasta familiar.

Pese a su importancia, es uno de los sectores que presenta grandes pérdidas, que hace años que no tiene políticas estatales para su apoyo. 

“El estado tiene una deuda histórica porque nunca ha construido políticas públicas para la agricultura familiar. En ese marco  hemos ido construyendo la Estrategia Familiar  de Agricultura familiar que es parte del plan de reactivación del sector agropecuario”, señaló Sandra Marca de la Coordinadora de Integración de Organizaciones Económicas Campesinas Indígenas Originarias (Cioec).   

Dijo que en el plan se priorizó   problemáticas como el  acceso a créditos, acceso a tecnología adecuada, impuestos y el registro único de la agricultura familiar. Pero no son las únicas necesidades. 

“El gran problema es establecer los mercados con políticas a todo nivel, además de la sensibilización de los ciudadanos para que consuman de los agricultores familiares. Hasta hace unos días llegaron camiones de Rurrenabaque con yuca a precios bajos y aún así no hemos podido venderlos todo por falta de mercados estables. Hay un problema muy grande  de comercialización”, afirmó Marca.

Esta falta de vínculos fue notoria al principio de la cuarentena. Los mercados legales se desabastecieron de ciertos alimentos, los intermediarios subieron los precios y en las calles abundaron los productos enlatados. Una libra de tomate que por lo general cuesta hasta dos bolivianos, llegó a costar ocho. 

Fue en ese momento que a través de iniciativas ciudadanas, estrategias armadas por los mismos productores e incluso por los mercados móviles municipales. Se buscó hacer un puente entre el campo y la ciudad. 

Así se llegó a barrios alejados abriendo espacios para estas pequeñas unidades productivas, que en muchos casos encontraron resistencia de los intermediarios y hasta vendedores de los mercados. 

“Miga tiene un compromiso con la articulación de los actores del sistema alimentario. Ya en la crisis política del año pasado y durante la pandemia hemos evidenciado su labor. Queremos aportar con soluciones tecnológicas a la conectividad campo-ciudad desde la suma de esta herramienta y la participación de los   jóvenes, al trabajo de las comunidades”, manifestó la directora del Movimiento de Integración Gastronómico Boliviano (MIGA), Leslie Salazar.

En ese afán es que MIGA junto al Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, Hivos, Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, Swisscontact, Centro Internacional de la Papa, IICA,  Conservación Amazónica y  Cioec, lanzaron la Hackathon “Vinculando la Agricultura Familiar”. Este evento ya terminó  fase de inscripción y se prepara para un cronograma de mentorías y posterior evento de concurso. 

Los participantes no solo son gente relacionada a la tecnología, sino técnicos en agricultura, analistas de datos, cientistas sociales y todo aquel que se sienta involucrado. La idea es formar equipos multidisciplinarios que logren crear una solución viable. Los ganadores  contaran con un premio económico que ayude a poner en marcha su plan.

La coordinadora  comunicacional de MIGA, Estefanía Rada explicó que con ayuda de las organizaciones impulsoras se está recopilando una gran cantidad de información que alimentará una base de datos de más de mil productores en todo el país. Esta lista será la primera en ser  integrada a las soluciones.

Hoy que el encierro ha sido flexibilizado, la labor de estos productores ha vuelto a quedar relegado. No cuentan con permisos para instalar puntos de venta directa, en algún caso los intermediarios han tomado el control de la distribución prohibiéndoles la provisión directa a minoristas y las autoridades municipales o los vecinos los retiran de lugares en los que vendieron sus productos durante el confinamiento. 

“Los productores nos han enseñado la importancia de lo que nuestros campos producen. Es necesaria una revalorización de nuestro patrimonio alimentario  para  la lucha  y defensa de nuestro sistema inmunológico a través de una buena alimentación. Con productos sanos y llenos de identidad”, dijo Salazar.

Otras  experiencias 

Decenio  El 9 de julio del año pasado Bolivia inició  el Decenio de la Agricultura  Familiar Campesina Indígena Originaria (2019-2028) para coadyuvar al fortalecimiento del modelo económico agrícola comunitario y familiar, mismo que es importante para la seguridad alimentaria del país.

Canasta  El 94% de los 34 productos que conforman la canasta familiar son producidos por la agricultura familiar indígena, originaria y campesina. Es la que produce mayor variedad de productos frescos.  

Mundo  La FAO estima que el 70% de alimentos en todo el  mundo son producidos por agricultores familiares. En Bolivia este aporte representa entre el 40% y el 60%.

Un reto tecnológico para ideas exitosas

El reto tecnológico esta dividió en tres categorías: la articulación con mercados gastronómicos y consumidores finales; con compras públicas y los procesos de administración; y monitoreo de siembra, cosecha y postcosecha. 

“En los procesos de monitoreo, no solo serán soluciones online, sino pueden ser las que operen en campo -de forma más efectiva- pero que articulen la tecnología a la medida de las posibilidades en el campo”, explicó Rada. 

Entre el 24 y el 26 de julio los equipos competirán por presentar las mejores propuestas. Las ideas con mayor puntaje, en cada categoría, recibirán un incentivo  de 1.000 dólares para germinar el proyecto

“Durante la cuarentena muchas comunidades tecnológicas han logrado  iniciativas para articular a consumidores y agricultores. Lo hicieron de forma muy intuitiva pero que funcionó. Queremos rescatar esas experiencias”, dijo.


Publicado: 2020-07-24

Fuente: Página Siete

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